La mensajera de besos

Quería darle un beso para decirle todo lo que sentía y las palabras no expresaban pero no sabía cómo entregárselo. Se puso a coger sus besos y colocarlos en una cesta. Y viajó, le dejó besos bajo su almohada, en su coche, en su teléfono, en las calles de la ciudad por las que caminaba, en la orilla del mar, en cada amanecer y en cada atardecer, en los rayos del sol, en la luna y bajo las estrellas. Se los entregó también al viento y a la lluvia para que alguno llegara.Cuando vació su cesta emprendió feliz el camino de regreso a casa,estaba segura de que su mensaje llegaría a él. Con ese convencimiento se desintegró, su ser se había hecho pedacitos, estaba en cada beso.  Pasaban los días y él no era consciente de todos los mensajes que había esparcidos, no se daba cuenta, aunque los besos que ella había sembrado estaban por todas partes. Había tantos que podía coleccionarlos, pero eran invisibles a sus ojos.  Cuando quiso cogerlos ya no estaban, era tarde… todos los besos habían desaparecido. La buscó pero no encontró ni rastro y  volvió a aquella ciudad en la que sólo pudo sentir tristeza y nostalgia de ella.

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