Iris

Era una noche fría de invierno y las mariposas esperaban el nacimiento de una nueva generación. Estaban alborotadas y nerviosas alrededor de los cinco capullos que custodiaban con cariño.

Empezó a nevar, caían unos copos de nieve gigantes  que empezaban a cubrir el bosque con una gran manta blanca.

Las mariposas encendieron una hoguera en el centro para evitar que el hielo acabara con la vida que aquellas que estaban a punto de nacer.

El refugio empezó a calentarse y poco a poco las pequeñas mariposas fueron saliendo al nuevo mundo.

Después de la noche, empezó a amanecer y todas habían nacido excepto una.

– Quizás haya muerto de frío- dijo la reina.

–  O quizás necesite más tiempo- dijo el rey. Y añadió: Ya no nos queda mucho fuego y no podemos permanecer aquí, tenemos que proteger al grupo y movernos hacia una zona más cálida del bosque.

Sus padres les dijeron a la reina y al rey que se marcharan, que ellos se hacían cargo, entonces decidieron coger el capullo entre los dos y buscar el calor del sol. Volaron hacia la luz de frente, y vieron brillar los rayos del poderoso sol con fuerza. En el horizonte apareció un arcoíris completo de  lado a lado. Hacía miles de años que eso no sucedía, era algo mágico.

Entonces, las mariposas decidieron poner el capullo debajo del arcoíris, justo en el centro, por dónde filtraba un calor singular que envolvía a la crisálida.

Al instante empezó a asomar, primero la cabecita, luego un ala y después el otro ala. Era la mariposa más hermosa que había nacido en la tierra, tenía las alas decoradas con los colores del arco iris, que destelleaban brillo. Cada vez que la recién nacida movía las alas era un espectáculo de luz y color.

Sus padres estaban sorprendidos, era bonita, especial y singular.

  • La llamaremos Iris, decidieron al unísono.

Cuando llegaron junto al grupo todos se dieron cuenta de que Iris era diferente, única en el bosque que ellos habían conocido siempre.

Iris fue creciendo y sus colores se fueron intensificando. Un día, empezó a ayudar al búho, el médico del bosque. Ella quería ser doctora cuando fuera mayor. La encantaba acompañar al señor búho cada vez que alguien necesitaba ayuda. Incluso juntos habían puesto en marcha un programa de salud para los habitantes de bosque.

Las mariposas vivían una semana, pero Iris vivía y vivía, sería que había nacido con la energía del sol, de la nieve y de la luz.

-Iris, ¡vamos arriba!, son las 4 de la mañana y Ana, la yegua, se ha puesto de parto, y no consigue dar a luz.

Iris se levantó corriendo, cogió el termo de agua caliente, las compresas de algodón y junto al señor búho fueron volando al lado de Ana.

Ana, chillaba y gritaba, se encontraba cansada y agotada, había perdido mucha sangre y el potrillo no nacía.

Cuando llegó Iris se puso sobre el vientre de Ana y sucedió algo increíble. El potrillo empezó a sentirse mucho mejor. Ana y el señor búho sintieron que algo mágico había sucedido, Iris había traspasado parte de su energía a Ana para que pudiera dar a luz y frenar la hemorragia.

En el parto Iris perdió el color rojo, pero le dio igual ¡se sentía tan bien de ver a Ana y al Potrillo juntos!

Pronto empezó a correrse la voz del poder curativo de Iris.

Un día un cervatillo tenía sarampión, otro día la ardilla tenía gripe, otro día el oso tenía jaqueca. Poco a poco Iris fue perdiendo su luz y colores para sanar a los vecinos del bosque. Perdió el amarillo, luego el verde, el naranja, el violeta, el cian y por último el añil.

Llegó un día en que se quedó blanca y sin luz, estaba pálida y tosía sin parar.

El señor búho estaba muy preocupado, -Iris, ¿qué te pasa? Le dijo.

Iris respondió.

-Señor búho estoy enferma, cansada y agotada y tengo frío.

El señor búho le toco la frente y tenía mucha fiebre.

La noticia corrió entre los animales del lugar y todos acudieron a ayudar a Iris. Cada uno de ellos tenía algún motivo para agradecerle su ayuda y ahora que Iris les necesitaba no la querían dejar sola.

Ana la yegua la había llevado una manta, las ardillas habían tejido un gorro y una bufanda, el cervatillo la había llevado un tarro de miel, la cabra una jarra de leche y la familia de los osos le habían construido una cama.

Iris estaba muy malita.

El búho fue a ver a la dama de los bosques que vivía en la cima de la montaña, ella siempre tenía una respuesta.

-Querido búho, le dijo, sé que vienes a verme porque Iris está enferma.

-Si Dama del bosque, Iris ha perdido sus colores y su luz y se debilita por segundos. Ella es esencial entre nosotros y quería pedirte ayuda para salvarla.

La Dama del bosque se quedó pensativa y tras unos instantes dijo.

-Iris nació un día de nieve con el amor de sus padres, el calor del sol y color y la luz del arcoíris. Hay que llevarla bajo el arco. Yo haré que nieve esta noche y hablaré con el sol para brille por la mañana con fuerza, y dibuje el mayor arcoíris que pueda sobre el horizonte. Vosotros tendréis que llevar a Iris al centro y hacer un corro a su alrededor.

El señor búho le dio las gracias a la Dama del bosque y volvió tan deprisa como pudo dónde estaba Iris.

Entonces empezó a nevar intensamente, los animales del bosque hicieron turnos por la noche para proteger a la gran mariposa. Por la mañana brilló el sol con fuerza, y dibujó un gran arcoíris que se podía ver desde cualquier parte del bosque.

Sobre el lomo de la yegua, pusieron a Iris que cabalgó veloz en busca del arco de colores.

Cuando llegó, puso a Iris en el centro, respiraba lentamente y tenía los ojos cerrados. Espero que no sea demasiado tarde pensó con los lágrimas en los ojos.

Poco a poco fueron llegando el resto de los animales para acompañar a la doctora e hicieron un corro a su alrededor.

Entonces la luz del sol atravesó el arcoíris que fue tatuando de colores brillantes las alas de Iris, recuperando los colores que había perdido, poco a poco fue abriendo los ojos y emitiendo de nuevo la energía que la hacía diferente. Había vuelto a nacer.

Miró a su alrededor y vio al señor búho, a Ana, la yegua, al potrillo, al cervatillo, a las ardillas, a la cabra, a la familia de los osos…

Todos estaban allí y sintió tanta felicidad… que irradió tanta  luz  que hasta  la  cima de las montañas se iluminaron, desde donde la dama celebroó la recuperación de Iris con una profunda alegría.

Iris dio las gracias a todos por cuidarla tanto y siguió siendo la doctora del bosque durante siglos y siglos de generaciones

Y cuentan que  todavía pueden verse pequeños arcoíris en el horizonte del bosque.

Es la magia de Iris.

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