En una botella

Un día antes de irse a dormir,  María  sintió que algo no estaba bien. Vivía en el mismo sitio en el que había nacido. Estaba cómoda porque en aquel lugar tenía todo lo que necesitaba para vivir, infinitas cosas materiales: una tele, un sofá de piel blanca , una cama e inmateriales: un escenario aparentemente perfecto en el que cada  día se representaban funciones diferentes

Al día siguiente, al levantarse empezó a pensar que siempre había vivido en el mismo lugar   y con  las mismas personas.Pero el sonido del teléfono la trajo a la realidad

María respondió:

– ¡Sí!¿ Hola???

-Hola soy Alex de la Casa de la nueva compañía de teléfono. Queríamos hacerle una oferta…

María resopló, eran otra vez los pesados de la compañía de teléfono con los que en absoluto le apetecía perder el tiempo

– Queremos presentarle la nueva promoción…

María no dejó terminar la frase al teleoperador

-No me interesa…, de verdad, que no puedo atenderle.

Y colgó el teléfono quedándose un momento en silencio tratando  de ver dónde estaba en el momento antes de la llamada.

Pensativa, volvió a esa idea de que no se sentía bien en su espacio de comodidad. Bostezó, de aburrimiento, y empezó a estirar y estirar  los brazos, y con la punta de los dedos pudo tocar un cristal  ¿ Un cristal? se preguntó extrañada. Al principio pensó que podría estar equivocada  y volvió a acercar su mano derecha hacia la pared. María quería asegurarse de que no era fruto de su imaginación, y por segunda vez volvió a tocar el cristal, una superficie vídrica transparente que era invisible pero que estaba ahí.

Se quedó paralizada, y le costaba respirar, era una sensación de falta de oxígeno, como si de repente la hubieran quitado el aire.

Tras la parálisis inicial empezó  a hacerse un montón de preguntas ¿ Desde cuándo estaría ahí? ¿ Cómo era el cristal?  ¿ Qué dimensión tenía? ¿ Grosor?  ¿ Altura? ¿ Forma? No podía vivir en la ignorancia, estaba claro que tendría que ponerse a investigar sobre ese cristal que había aparecido en su vida.

Tras el descubrimiento, intentó centrarse en su rutina, desayunó viendo las noticias, miró las redes, leyó el periódico, se arregló,bajó al garaje , condujo hasta el trabajo  e intentó concentrarse en la actividad laboral. El día pasó rápido, tampoco tuvo demasiado tiempo para pensar, sin embargo antes de cerrar la jornada, volvió a visualizar la pared invisible y al estirar los brazos hacia arriba se dio cuenta que estaba ahí también, en el trabajo estaba bajo un techo de cristal.

Al día siguiente, no se encontraba nada bien, prefirió quedarse en casa, y  María se pasó todo el día dando vueltas a los cristales de su vida, pero no sabía nada sobre ellos , por qué estaban ahí, cuánto tiempo llevaban, cómo habían aparecido, quién se los había puesto, así que decidió con valentía empezar a explorarlo.  Preparó la maleta y comenzó el viaje por los rincones de su vida, y en un cuaderno en el que había puesto el símbolo del interrogante en la portada iba anotando las mediciones de la altura del cristal, la forma, la distancia hacia el mismo y el grosor.

Tardó un mes exacto en recorrer todos los espacios, y cuando cruzó todos los dibujos reconoció que la forma del cristal  le era familiar. ¡Era una botella! ¿ Una botella? No salía de su asombro ¿Su mundo era una botella de cristal?

No podía vivir dentro de una botella, ella era una mujer que siempre se había sentido libre y que se autoafirmaba en su libertad, en que nada ni nadie le pusiera límites. Entonces decidió  que quería un mundo sin paredes, ni fronteras transparentes. Haría cualquier cosa para salir de aquel contenedor en el que la habían metido.

La primera intentona  fue tratar de escalar las paredes, aí que compró todo el material que necesitaba: los arneses y las cuerdas y se puso con tesón a escalar la pared más cercana . Sus pies se escurrían, y tras intentarlo varios días siempre acababa en el suelo., algún día había estado cerca del cuello de la botella pero una ráfaga de viento había soltado la cuerda y tras perder el equilibrio resbaló por la pared como si fuera un tobogán y cayó a los pies del campamento base. Estaba desolada, esto no funcionaba. Decidió descansar unos días para coger fuerzas y tratar de pensar en nuevas maneras para salir .

Tras un descanso reparador de una semana de vacaciones en el Mediterráneo, y con la mente despejada cogió el cuaderno y empezó a pensar otras opciones.  ¿ Y si provocaba una explosión? El cristal saltaría por los aires  y podría destruirlo, al imaginarlo y sentir el ruido ensordecedor en los oídos se vio a ella misma saltando por los aires,  era demasiado agresivo.

Y si rompía la tubería del agua y dejaba que la botella se llenara ¿ Cuánto tardaría en llenarse? ¿ Cuánto podía aguantar flotando en el agua? Quizás el agua estuviera demasiado fría. Demasiado riesgo… podía morir ahogada.

¿Y si salía volando?  la botella podría tener un tapón  que la impidiera salir, nunca había llegado a la cima para comprobarlo.

Quizás podía pedir ayuda a alguien de dentro o a alguien de fuera. Barajó todas las posibilidades, y pensó que si se lo decía a  las personas de dentro podía crearles la misma falta de libertad que ella estaba sufriendo, por lo que prefirió no compartirlo. Y la gente de fuera era demasiado ajena a su problema, además estaba ese muro que aunque transparente impedía tener acceso a ese mundo exterior.

Tendría que lograrlo sola. Se animó cuando vió encima de su mesilla aquel libro que le habían regalado en su último cumpleaños » Érase una princesa que se salvó sola». Nadie iba a hacerlo por ella, si su mundo tenía que cambiar ella tenía que cambiarlo.

Sintió tanta seguridad de que podría lograrlo, que se quedó dormida en el sofá tras tomar una manzanilla caliente. Al día siguiente pensó que lo más fácil sería  provocar alguna grieta en el cristal,  para tratar de romperlo. Y se puso manos a la obra,   se protegió y cogió un cincel y un martillo y empezó a golpear la superficie con cuidado la primera vez, y las siguientes veces con más fuerza. Hasta que apareció una pequeña grieta. Se puso a saltar de alegría ! Voy a poder contigo!-exclamó en alto. Un gran entusiasmo la recorría el cuerpo, y se convenció de que podía acabar con esos muros que le habían impuesto.

Siguió y siguió sin parar , golpeando sobre la grieta y se fueron haciendo más y más grietas. La botella era cada vez  menos transparente y más frágil. Al llegar la noche, toda la botella estaba llena de grietas conectadas infinitas. María estaba exhausta y sabía que estaba a punto de conseguirlo, entonces se  puso unos guantes de boxeo  de hierro y se metió dentro de una bola de goma espuma  gigante que había construido para protegerse del impacto y que le permitía dejar las manos fuera . Se metió dentro de la cápsula y golpeó con sus puños la superficie.  Las clases de boxeo la habían servido para algo.Tras el  tercer impacto la botella reventó y los cristales cayeron en forma de lluvia a su alrededor.  Se quedó dentro de la cápsula esperando un rato hasta que pudo escuchar un silencio completo a su alrededor.Al cabo de un rato salió de la cápsula, y miró alrededor, vio que la botella se había hecho añicos, todos los cristales estaban esparcidos por el suelo cubriéndolo.

Extendió los brazos hacia arriba y el techo  ya no estaba., extendió los brazos hacia un lado y luego hacia el otro,  comprobando que sólo había aire.¡ Lo había conseguido!  Se sintió libre, se sintió ella misma.,  y sin mirar la vista atrás, se puso a caminar hacia ese mundo tras la pared que estaba esperándola.

 

Foto: Mujer en una botella, de María Bardanca, fotógrafa, diseñadora web y experta en RR.SS.  https://mariabardanca.es/

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