El sueño

Era muy real, como si estuviera sucediendo de verdad. Soñaba una y otra vez lo mismo. Repetidamente, las mismas escenas con la misma secuencia, día tras día.

Ella estaba en altamar, sola. Se sentía libre al principio pero conforme iban avanzando los minutos iba sintiéndose más y más pequeña hasta convertirse en un ser diminuto en medio de la inmensidad del océano.

Se sentía cansada, desgastada y agotada, y cuando no podía más, y estaba al límite de sus fuerzas, aparecía él. Podía sentir su piel tan cerca de la de ella que se estremecía, el sonido de su voz la tranquilizaba y el olor de su intenso perfume masculino la hacía despertar el deseo de recorrerle a besos por todo su cuerpo.

Entonces se despertaba y lo último que recordaba es que estaba en la orilla de la playa, pero él ya no estaba, la había llevado hasta allí y había tenido que marcharse. Por alguna razón no podía estar junto a ella. Tras el despertar repentino, intentaba recordar quién era esforzándose en reconstruir con el recuerdo los rasgos de su cara, pensando en el tacto de su piel, de sus manos, en el sonido de su voz y poco a poco iba tratando de volver a sentir cada instante lo que el recuerdo del sueño la provocaba. Sin embargo, nunca podía desvelar el misterio de su rostro. Vivía con la esperanza de que algún día podría encontrarle, reconocer su voz en cualquier lugar del mundo y no morir sin estar en la playa junto a él, despertando y encontrándole a su lado.

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