El faro

Donde acaba la tierra y comienza el mar se elevaba el faro, se podía ver desde cualquier parte de la ciudad.

La torre de piedra milenaria seguía en pie, iluminando el camino de los marineros que guiaban los barcos hacia el puerto acompañados por su luz, como hiciera desde el origen de los tiempos. y vigilando a los caminantes que se acercaban para ver los acantilados.

Era un faro con una gran fortaleza, curioso, y sabio con conocimientos sobre lo humano y lo divino. Decían las historias populares que Zeus lo había construido con las piedras del Olimpo de los dioses. Había visto casi de todo, y había estado a punto de morir en varias ocasiones lo que le había dotado de esa resiliencia encantadora que hacía que los turistas se rendieran a sus pies con admiración frente a su supervivencia.

Sabía muchas cosas y su memoria albergaba cientos y cientos de historias y leyendas imposibles de recoger en ningún libro, grandes secretos de la historia y de la intrahistoria. Había presenciado juramentos leales, grandes traiciones, guerras, amores y desamores. Cada vez que las recordaba inventaba una parte que generaba una nueva versión mucho más atractiva para los contadores de historias. Siempre aparecía un nuevo personaje, una nueva frase, o una nueva escena que reconstruía con encanto su vida pasada y le convertía en el protagonista del lugar.

Aquel día había llovido y había estado bastante solo todo el día. Aventuraba que iba a ser un día anodino e incluso un poco triste por la lluvia…y la niebla que le impedía ver más allá de sus pies. Pero hubo un momento, en que el sol asomó.  Se le acababa el aburrimiento, diferentes personas comenzaban a llegar: un niño corría para volar la cometa,  había también un grupo de turistas italianos que habían bajado de un autobús, seguían a la guía sin perderla de vista, que caminaba bastante deprisa pensando en que quizás la ventana de sol no duraría mucho y podían acabar empapados; un poco más hacia la punta ha un hombre solitario miraba cómo las olas rompían con fuerza contra las rocas.

A lo lejos, vio una pareja que ascendía hacia él, y se fijó en ellos, iban paseando entre risas y sonrisas, y de manera tímida se pararon para hacerse una foto con él al fondo, mirándose con complicidad. Pudo intuir que había algo entre ellos. Allí en el fin de la tierra, soplaba el viento, que les empujaba, y que hacía que se sintieran molestos, por lo que emprendieron el paseo de regreso. El faro les siguió, pensaba que había una magia invisible que les conectaba, y vio esos hilos rojos invisibles que les unían . Quiso ver más, y les siguió con la mirada hasta que  las dos siluetas desparecieron en la curva de la carretera y el faro se quedó pensando en aquellos visitantes anónimos, escuchando la canción del mar.

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