El bosque de los deseos

Érase una vez un pueblecito con casitas de color blanco y tejados con un corazón de los colores diferentes del arco iris. Desde el cielo el pueblo parecía un campo sembrado de amapolas multicolor.
Las casitas eran todas iguales y allí vivían los habitantes de la aldea, que iban vestidos con un mono blanco y camisetas de colores.
Era un pueblo alegre y solidario en el que los unos se ayudaban a los otros. Cuando se necesitaba recoger la cosecha o nevaba muchísimo y había que retirar la nieve de las calle todos acudían.
Un día, llegó en una gran caravana de caballos un forastero con una maleta grande y misteriosa al pueblo ordenado y armonioso. Empezó a visitar a cada habitante. Cuando entraba en cada casa tenía color, pero cuando salía el tejado se volvía gris y cada persona iba perdiendo la luz de sus ojos. Siempre era el mismo ritual llegaba a la casa le preguntaba al habitante que era lo que más deseaba, abría la maleta lo sacaba y a cambio se llevaba la luz.
Así poco a poco se fue desvaneciendo la felicidad que albergaba aquel pueblo blanco, tranquilo y con las casas con aquel tejado tan especial en forma de corazón.
La anciana del pueblo que tenía 100 años sufría en silencio, se dio cuenta de cómo los tejados de las casas iban perdiendo el color a medida que cada habitante iba siendo más ambicioso egoísta y menos solidario.
Un gran día la anciana se fue a pasear, el pueblo estaba sin esperanza, aquella comunidad que un día fue alegre y armoniosa se había convertido en un lugar lleno de tristeza, de ambición y oscuro.
La anciana llegó a un valle que estaba a las afueras y se puso a llorar porque todo parecía perdido. Parecía que no había esperanza. Recordó aquel momento tan especial en invierno en el que todos los niños del pueblo habían ido tradicionalmente a aquel lugar, y donde su abuelo año tras año alrededor del fuego les contaba una gran historia con la llegada del invierno y las nieves.

No sabía cómo había llegado hasta allí. Hacía frío, el viento era gélido, no podía prácticamente respirar. El suelo estaba nevado y ella estaba sola en medio del valle. Perdida en su pensamientos, se puso a llorar, echaba de menos la bondad, la solidaridad, la felicidad que reinaba en el pueblo en el que había nacido, y que generación tras generación había vivido en paz.
De repente, vio una estrella fugaz que le cayó en las manos, la apretó fuertemente y sintió un gran calor en su corazón. Entonces la apretó con fuerza contra el pecho y deseó amor para todo el pueblo. Una lluvia de halos de luz irradiaba con fuerza de la anciana, las ondas luminosas se expandieron hacia el pueblo y el amor comenzó a inundar los corazones de aquellos habitantes vacíos.
La luz abrió con fuerza la maleta del hombre extranjero. Con la fuerza de un Tsunami los colores salieron expandidos y fueron volviendo a los tejados de las casas y el pueblo fue recuperando su cielo multicolor. El hombre asustado salió corriendo, espantado, no había lugar ya para él.
Al día siguiente, todos los habitantes se levantaron contentos, era como si se hubieran liberado de una gran carga. Cuando fueron todos a la plaza se dieron cuenta de que la abuela no estaba y fueron a buscarla. Fueron caminando hasta el valle y en lugar de la hoguera del invierno había crecido un gran abeto en forma de corazón. Se dieron cuenta de su sabiduría y de que ella había entregado su vida para que el pueblo recuperara su alma.
Esa misma noche hicieron una gran fiesta en honor a ella y apilaron todas las cosas que el forastero les había entregado a cambio de sus luces, en una gran hoguera en la que todo ardió.
Y cuenta la leyenda que cada vez que un habitante del pueblo cumplía 100 años iba al bosque, esperaba su estrella, pedía su deseo y se convertía en un árbol y así el bosque de los deseos fue creciendo y creciendo y se convirtió en un lugar mágico y espiritual que siempre recordaba al gran pueblo blanco con los tejados de corazones de colores en el que lo más importante eran las personas y el amor.

Dibujos Paula

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